Y aunque sé que todo me cuesta, no tengo prisa.
Me he dado cuenta de que todas las piedras del camino siempre he sido yo.
Mi silencio escribe. Por mí. Por todos los pedacitos rotos. Tengo tantas cosas que perdonarme y olvidar, y tantas cosas que decir que siempre se me echa el tiempo encima y todo empieza a colapsar de nuevo.