Me llenas el pecho de asquerosas flores y después les salen alas. Y son asquerosas porque no puedo volar con ellas, ya que siempre vuelan detrás de ti y tú siempre estás en otra órbita de la distancia.
Y yo con los pies pegados a la tierra, el alma bajo ésta, y mi autoestima encerrada en el hueco núcleo de un mundo que no se entera (de nada).
Con las emociones encadenadas a vivir en la carretera. Y las pocas ganas que a veces tengo además teniendo que mordérmelas.
Quizá simplemente sea yo, que no sé qué hago con mi vida.